ImagenImagenImagenROSA NAVARRO DURÁN. GERARDO DIEGO Y LA FÁBULA DE ALFEO Y ARETUSA DE PEDRO SOTO DE ROJAS. COL. BODEGA Y AZOTEA, 5. FUNDACIÓN GERARDO DIEGO.

Las peripecias que han permitido descubrir este poema mitológico que la catedrática de Literatura española de la Universidad de Barcelona, Rosa Navarro Durán, después de estudiarlo concienzudamente, ha atribuido al poeta barroco Pedro Soto de Rojas son dignas de formar parte del argumento de una novela de intriga. Un joven poeta, Gerardo Diego, a finales del año 1919 lee en la Biblioteca de Menéndez Pelayo un manuscrito que contiene más de novecientos versos. El manuscrito original, cuyo facsímil se ofrece en el libro que comentamos, presenta tachaduras y variantes, lo que permitirá al estudioso conocer el proceso de elaboración del poema, lo que llamamos la cocina del poeta. Tanto le gusta el poema que se toma la molestia de copiarlo fielmente y, con posterioridad, en enero de 1920, escribirá un artículo que titula «Un poema manuscrito del siglo XVIII en la Biblioteca de Menéndez y Pelayo». Tanto la silva como el ensayo que Gerardo escribe sobre ella permanecerán durante ochenta años durmiendo el sueño de los justos, hasta que Elena Diego, paciente y meticulosa custodia del archivo, lo encuentra entre la ingente documentación que atesora. No es, sin embargo, hasta el año 2011 cuando, aprovechando que al año siguiente se va a conmemorar el centenario de la muerte de Don Marcelino Pureza Canelo –directora de la Fundación Gerardo Diego»— y Elena Diego, hija del poeta, deciden obsequiar a la Biblioteca Menéndez Pelayo, que se haya en un edificio a escasos metros del que alberga la Fundación, con una copia digitalizada del ensayo de Gerardo Diego y de la copia a mano que éste realizó. El manuscrito original, a la sazón, se encontraba en paradero desconocido. El empeño y la profesionalidad de Rosa Fernández Lera y Andrés del Rey Sayagués, responsables de la Biblioteca, les empuja a iniciar la búsqueda del manuscrito, no cejando en el empeño hasta lograr su hallazgo unos meses después. De esta rocambolesca sucesión de acontecimientos da cuenta el libro que comentamos, así como de la pormenorizada investigación que Rosa Navarro Durán lleva a cabo para, con argumentos irrebatibles, adjudicar la silva al poeta granadino Pedro Soto de Rojas. El esmerado trabajo que realiza la profesora no se puede resumir en unas líneas porque sus pesquisas para relacionar esta fábula con la obra de Soto de Rojas son exhaustivas e irrebatibles y sintetizarlas obligaría a perder el hilo de la trama, por eso creo que, siendo como es la publicación de La fabula de Alfeo y Aretusa un acontecimiento literario de primer orden, debería sobrepasar los muros de los claustros académicos y acercarse a un público más amplio, a esos lectores que saben separar el polvo de la paja y a todos aquellos cuyas responsabilidades educativas exceden su propios intereses lectores.

 

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