ADIÓS A JOSÉ EMILIO PACHECO

 

Una de las primeras entradas de este modesto blog estuvo dedicada al septuagésimo tercer cumpleaños de José Emilio Pacheco, el 11 de julio de 2012, hoy, poco más de año y medio después, el motivo que me conduce a hablar de nuevo de Pacheco no es de celebración, sino de pena, porque ha fallecido en la tarde de ayer como consecuencia de un paro cardiorespiratorio. Hace unos días, el poeta fue hospitalizado a causa de una caída en la que se golpeo fuertemente la cabeza, pero, aunque los detalles de su estado eran confusos, nada hacía presagiar este fatal desenlace, tanto es así que su esposa, la periodista Cristina Pacheco declaró a la prensa que el poeta se encontraba bien.

El día antes del accidente casero, Pacheco había enviado a la revista Proceso un artículo sobre Juan Gelman, fallecido días atrás, que comenzaba así: «No hay datos en la memoria reciente que nos permitan comparar la resonancia de la muerte de Juan Gelman con la de ningún otro de nuestros poetas contemporáneos… Gelman fue hasta el 14 de enero el mejor poeta vivo de la lengua y a partir de ese día se ha vuelto uno de nuestros clásicos modernos.» Creo que José Emilio Pacheco se ha convertido también, lo era en vida, en uno de nuestros clásicos modernos. Libros como El principio del placer(1972), Las batallas en el desierto(1981), aquella primera antología que cayó en mis manos, Alta traición, seleccionada y prologada por José María Guelbenzu en 1985 o los poemarios Los trabajos del mar(1983), Miro la tierra(1987), La arena errante(1999, significativamente dedicado a dos poetas tan opuestos estéticamente como Octavio Paz y José Agustín Goytisolo, Como la lluvia(2009), los cincuenta poemas en prosa de La edad de las tinieblas, más incluso que los galardones que ha recibido por su obra (el Premio Internacional Octavio Paz de Poesía y Ensayo (2003), el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2009) y el más reciente, el Premio Cervantes de 2009) así loverifican.

A finales del pasado año, Pacheco recogió en un volumen, Nuevo álbum de zoología- El libro de las adivinanzas, publicado por Era-El Colegio Nacional, una selección de poemas de sus últimos libros en los que da voz a los animales, algo frecuente en sus poemarios, sobre todo desde el titulado No me preguntes cómo pasa el tiempo. Este proceso de humanización servía al poeta para mostrar, a modo de fábula, las contradicciones y los vicios de los que somos protagonistas los hombres. Su poesía está armada con el cemento de la realidad y utiliza el mito como símbolo de esas fuerzas invisibles que gobiernan nuestra conducta. Esa forma de concebir el poema no está sujeta a los vaivenes de la actualidad, es intemporal, por eso lectores de cualquier época encontrarán en sus cuentos y poemas la crónica de lo que les está sucediendo en ese momento. Con sólo unos días de separación, nos han dejado dos de los poetas mayores de nuestra lengua, sin embargo sus lectores, siempre los tenemos presentes.

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