AUGUST KLEINZAHLER

 

ANIVERSARIO

Te imaginarías al halcón como una cosa aislada,
gobernando el empíreo,
aprovechando las corrientes térmicas y el viento
hasta que mirando de soslayo, cae en picado graznando—

cruelmente perfecto,  como es él.
Con la lila del sur encendiendo las calles
y floreciendo la flor del pensamiento bajo los pies
yo estuve allí mismo después de que amaneciera cada día,
antes de que el sol percutiera sobre el mezquite y la acacia
y las golondrinas se precipitaran vertiginosamente sobre la hierba
y las libélulas revolotearan más arriba:
cada día, poco después del primer trino, el cabeza hueca

durmiendo a la intemperie en la alcantarilla.
Antes del calor,
antes de que la estridulación de la cigarra comenzara,
cuando la lila del sur estaba todavía en flor,
cuando florecían los pensamientos descuidados en el parque
y todavía se notaba frío en el aire.
Recuerdo una vez un halcón de cola roja encaramado sobre
una rama o en un poste eléctrico.
Tal vez descendió para otear mejor,
pero creo que era para que yo lo viera mejor a él,
que reinaba sobre estas pocas hectáreas y en una extensión mayor,
lo que lo convertía en poderoso.
Un amenazante brillo dorado resaltaba en su plumaje rojizo.
Su vientre era blanco.
Mírame, parecía decirme.

He aquí algo puro y salvaje, sin corazón,
hermoso y terrible, a partes iguales.

Lo vi un día desgarrando su presa:
estaba en el hueco de un árbol, pequeño y a mano,
concentrado, fascinado, destrozándola sin piedad,
sonaba como un cuchillo destazando carne,
con la crueldad que le es propia, nada más.
Pero otro día, no mucho después, lo oí,
posado en lo alto de una rama, pidiendo ayuda,
piando de angustia, penosamente,
kee- eeee – arr kee- eeee – arr,
aterrado o herido, digno de lástima en su desconsuelo,
hasta que, de repente, desde algún rincón del cielo
otro halcón descendió para reunirse con él,
no allí mismo, en la misma rama, en otra, muy cerca.
Y poco después, volaban juntos,
dejándose llevar, en espiral, cada vez más alto
en círculos, girando y alterando la altura,
extasiados por todo lo que eran y serían capaces de hacer,
no como seres independientes, sino como una pareja.

 

Versión de Carlos Alcorta

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