DELFINES

 

Los delfines parecen felices —tumbados sobre su espalda,

mostrando su reluciente dorso— mientras la entrenadora

acaricia sus carrillos y hace que chillen enérgicamente.

Cuando se hace la muerta, ellos la empujan con sus hocicos.

como a través de un cielo Tiepolo, y los niños gritan alegremente,

destrozando mis sentidos.

                                           Recientemente, entre las cosas de Madre, encontré esto:
“Tengo miedo de él. Necesita atención psiquiátrica. Me incita
a creer cosas extrañas. Me ignora, me  ataca.

Muy tacaño. Quiere saber las condiciones de mi seguro”.

Aquí, en medio del revoltijo, la fidelidad y el amor no han sido

sustituidos por problemas y conflictos. ¿Qué protege

a los delfines de la angustiosa soledad? ¿Por qué sus almas

no son conscientes de su insignificancia? Qué lejos

parecen del mundo moderno. La belleza permanece inalterable.

 

Versión de Carlos Alcorta