CIVILIZACIÓN

  Hay un arte
   para cada cosa. Cómo
la lluvia comienza
   en abril y sigue su curso como
   esa canción hasta que por fin

termina. Una centenaria
   colección de campanillas de plata
que una vez un monaguillo balanceó
   en la procesión …Tú eres el mismo
incapaz que siempre

has sido, arañado por zarzas ,
   por helechos
que te invaden.
   Así que dijo:
   esto es un sueño. Pero

el resto —todo el resto—

  despertaba: no siempre,
hasta la siguiente
   extravagancia. Dos estatuas
   de negratas cada una espejo

de la otra, cada una levantando

    para siempre su carga

de plumas de pavo real pintadas a mano ,

   talladas a mano. Tú
   no lo sabes, tú no sabes

que yo te amo, dijo. Estaba
   temblando. Dijo:
Te amo. Hay un arte
   para cada cosa. Lo que yo he
   hecho con esta vida,

no lo que yo hubiera querido hacer,
 o hubiera querido decir, quizá, si lo hubiera
comprendido, aunque no tengo
 excusa. No el tronzado, pero
 aún floreciente cerezo. No

 

la delicada acacia, tampoco. Ni siquiera
   el nogal fantasma
con sus no-ramas de quien
   cada sombra está en la memoria,
   memoria… Como me dijo

una vez. Todo esto es basura
   bajando por el río, ahora. Dando vueltas,
pero totalmente perdido
   —porque estaba extraviado—:
   renunciando a todo otra vez.

Solo lo miró,
   —Sólo tiene que buscar
cómo salir. Hay un arte
   para cada cosa. Incluso
   dándose la vuelta. Cómo

con el tiempo, incluso el hambre
   puede convertirse en un espacio
para vivir. Cómo convirtieron
   la picaresca en algo
   hermoso, durante el tiempo que pudieron.

 

Versión de Carlos Alcorta

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