GIRASOL

Cuando Madre y yo, el primogénito, no pudimos reanudar
la conversación, levantó la cabeza,
como un girasol marchito, y dijo:
“Los que están muriéndose siempre quieren vivir.”
Meses después, sobre la mesa de la cocina,
el gladiolo rojo Marte interpretó el Himno a la Alegría,
y nosotros escuchamos. Moscas caseras se abalanzaban y giraban
a nuestro alrededor, como el Espíritu Santo. “La naturaleza
siempre revela algo humano,”
Madre hablaba, arqueando su boca,
como yo cuando me arranco los pelillos de alrededor.
“Sí, no, por favor.” La ternura no se había convertido aún en polvo.
Madre debilitada, frotándose los ojos soñolientos, su respiración
como entrecortada, el hombre saludable la playa.

 

Versión de Carlos Alcorta

 

 

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