SOLEDAD: LA TORRE

Hace mucho tiempo, yo vivía a los pies de las montañas,
donde vivieron mis padres cuando eran jóvenes.
Cerca de allí, había un vivero de narcisos, frente al que yo pasaba en bicicleta
cada día de camino al supermercado.
De vez en cuando había terremotos, pero nadie se daba cuenta.
En mi escritorio, palabras y frases crecieron muy lentamente,
como la parte incrustada o basal de un cabello,
de los dientes, de las uñas o los nervios. Mientras miro la página vacía
— analizando el amor, analizando el sufrimiento,
analizando la locura— me duele tanto la cabeza,
querido lector, porque las emociones me empujan en una
dirección, luego en otra, pero escribo esto ahora,
a veces precipitándome, a veces dejándome llevar por el pensamiento,
estoy feliz, siento que no estoy solo.

Versión de Carlos Alcorta

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