CIRCO DE PONIS

Qué alegría decir, nuestros cortos días de invierno
han quedado atrás ahora. Atrás ha quedado la vieja vida

llena de carcajadas sin sentido, las veces que llevamos como paquete
en el asiento de atrás a cada payaso autoestopista
que nos topábamos —nuestro récord era de ocho
hasta el año que nuestros padres murieron. Se fueron
las horas de nariz colorada, el dibujo de nuestras sonrisas

grotescas y amplias cuando ensayamos
la fría rutina de “Hola, ¿estás bien?” y “Bien.
Estoy bien”. Recuerda los segundos prolongados—tres
atrasados en total— frente a tu rostro

que llevó una hora convertir en serio

o la mirada que pusiste, más triste que cualquier payaso
bajo la lluvia, que fue mi señal para fruncir las cejas
y continuar buscando a tientas con los tres dedos demasiado pequeños
el  martillo que me diste para que yo pudiera de nuevo asegurar
el balanceo del caballito de madera que compramos
para evitar un futuro tácito en el cual
somos continentes separados, rodeados por nuestras nuevas
familias hambrientas cuando cortamos y descuartizamos
la misma carne asada y lamentamos
cómo perdimos la esperanza, cómo la historia
de nuestras vidas podría haber sido diferente
si hubiera poseído, aunque estuviera cojo, algo
que cabalgaríamos sobre la puesta de sol.

 

Versión de Carlos Alcorta

 

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