HENRI COLE

SOLDADOS DURMIENDO

Envejece. Compra una casa. Ten un hijo. Ama a alguien.

A veces hay sustituciones.  Una fuerza histórica

nos separa.  El amante más querido  —en un puerto, en la trinchera, o en casa—
mendigando para conseguir morfina (¡hazlo de una jodida vez,

el mejor lugar es el cuello! ¿Desertar? ¿Enfrentarse al poder?

“Oh, ella era una buena chica”. “Su padre se alistó.

La manzana no cae lejos del manzano”.

Después de la operación sur,

los soldados están durmiendo ahora, en posturas que delatan agotamiento,

sobre una alfombra oriental — con las rodillas dentro de su pecho,

las armas tocándose unas con otras— todas las cosas entreveradas,

como algo abstracto en lo más profundo de nuestro ser—

un alma, quizá—sin escrúpulos, pero delicada, también,

como un tijeretazo en un camafeo negro velado

a la luz antes de que el corte sea más profundo.

 

Versión de Carlos Alcorta

Anuncios